
Hay algunas maneras de entender la vida, que por la diferencia de pensamientos entre los seres humanos, a mi me parece que rozan de soslayo la fina linea de la coherencia. Visiones del mundo que rezuman inevitablemente, aunque se intente disfrazar, una inmoralidad patente en la mayoría de sus expresiones escritas.
Ni siquiera intentaré aparentar objetividad, ni en el fondo ni en las formas, creo que a estas alturas de la película seria absurdo; aunque a pesar de de mis furibundas acometidas al diario de Federico, lucharé hasta el ultimo de mis alientos porque puedan opinar con la máxima “libertad” posible.
Creo firmemente que la existencia de perspectivas diferentes de una misma cuestión, sólo pueden traer consigo la presencia de una sana comparación, que seguramente nos acerque un poquito más a la verdadera realidad. Todo ello a pesar de lo viciado que está el panorama periodístico actual, donde la dirección de los editoriales suele venir marcada por la sintonía con el partido político afín. La única condición que se les debe exigir a las continuas manipulaciones que se realizan desde los despachos de redacción, es que las consignas sean lo más sutiles posibles y que el mensaje, dentro de la burda maquinación, esté medianamente estructurado.
Tanto El País como El Mundo, ambos cada cual en su delimitado lado de la cancha, argumentan con fiereza pero manteniendo un tono elevado en la inteligencia de sus exposiciones. ABC Y La Vanguardia, con una tibieza mucho más notable que los anteriores, se ladean evidentemente hacia lo que su tendencia les marca, pero tanto las plumas asiduas como las invitadas, mantienen el tipo con holgura.
Y aquí es donde lanzo mi critica más marcada contra Libertad Digital. No es que me moleste su extremismo ideológico, cada cual es libre de engañarse como mejor le plazca, la razón más destacable para la critica, es la alarmante falta de un estilo periodístico que demuestre algo más elaborado que una composición sobre la hora del patio. Esa mediocridad que destilan sus artículos, que sirven normalmente para escudarse en un lenguaje tan banal y repetitivo que ofenden la inteligencia del que lo lee.
Grandes y excelentísimos doctores y coleccionistas de carreras que apenas saben emborronar las virtuales paginas del diario; eso sí, mantienen el pulso firme a la hora de enmarcarse en el más descarado de los seguidismos, aunque ello les obligue a reiterar una y otra vez una interminable lista de descalabros estilísticos.
Mamporreros de la estilográfica como Luis del Pino, Daniel Rodríguez o Juan Carlos Girauta que simplemente escriben al dictado con un servilismo tan escandaloso como respetable en su esencia. Estoy convencido de que entre las prietas filas de la extrema derecha, existen cerebros más hábiles que tengan algo más de elegancia e intelecto para presentar sus discursos.
Aún así, digan lo que digan y como lo digan, tendrán siempre en mí al más acérrimo defensor en su irrevocable derecho a hacer oír su voz.
Boicots , ¡No gracias!