
Cuando habíamos por fin conseguido alejarnos de la imagen de aborregamiento y sumisión a la cual nos arrastró el “analfabeto funcional”, llega Condoleezza Rice, Secretaria de Estado estadounidense, para mostrarnos cartulina amarilla y dejarnos entrever, con una crudeza amigable, el sentido de la cadena de mando. Poco importa que hablemos de estados soberanos o de satélites funcionales, la percepción de la administración americana sigue basándose en la premisa científica “los amigos de mis enemigos son mis enemigos”.
Cuba es un tema tabú en Estados Unidos y cualquier país que intente tender puentes para facilitar la transición a la democracia tras la muerte del dictador, se encontrará con la oposición frontal del primo de zumosol, que sólo desea el escarnio y el aniquilamiento de un régimen poco afín a sus intereses. Independientemente de la efectividad de las medidas adoptadas por el gobierno español o si conllevan una disminución de las dificultades. Parece que la negación al dialogo y a la solución pacifica de los conflictos no es una patente creada por el anterior gobierno español, sino que era una parte del programa de adiestramiento. Sería interesante, imaginarse a través de la política-ficción, cual sería la reacción de los salvadores del mundo, si en vez de un pequeño y desgraciado país, tuvieran que leerle la cartilla a una superpotencia como China. Seguramente las criticas se tornarían prudencia y la etiqueta de nación más poderosa del planeta quedaría un tanto encogida y descolorida.Tal vez si hubieran demostrado ese celo autoritario y benefactor para conseguir que causas tan deleznables como la de Castro, como por ejemplo la pinochetista, hubieran sufrido la misma presión política y social, amén de los bloqueos económicos, otra visión más justa y sincera de la realidad nos acompañaría cada vez que miráramos a la cara a un norteamericano.