Cuarenta años sin el Che son demasiados años. Cuarenta años sin la figura por antonomasia de la idea de la revolución. Cuarenta años sin el espíritu indomable del que fuera el azote ideológico del capitalismo. Hemos dejado paso, con el devenir de los años, a un cliché demasiado estereotipado de una vida de leyenda. Sí, es cierto que sigue siendo un referente de la lucha rebelde contra la injusticia social y sigue siendo también una entidad viva en muchas asociaciones sudamericanas; pero no podemos olvidar que es además, hoy en día, una imagen etérea e indefinida que se adopta para apadrinar las causas más ridículas.
Se alaba su figura desde los círculos comunistas más inflexibles y retrógrados, sin conocer que fue crítico hasta la saciedad con el régimen estalinista, encontrándolo absurdo económicamente y dogmáticamente intransigente. Critico asimismo con ese socialismo de manual, que basado obstinadamente en las obras escritas de Marx y de Lenin, pese a acertar en sus coherentes principios, se desviaban con un encorsetamiento desesperante. Su mayor aspiración ideológica, fue intentar trasmitirle a la gente, la bondad de ese marxismo que basaba todo su poder en un humanismo desbordante, dejando de lado las ataduras doctrinarias de las cúpulas soviéticas.
Poco importa asimismo, tras cuarenta años, si fue asesinado por la imposición directa de la CIA, o por ser una decisión espontánea del entonces presidente boliviano René Barrientos. Estaba en guerra sin cuartel contra el más despiadado de los capitalismos, contra la filosofía sagrada de la economía de mercado, y éstos, son desgraciadamente poderosos enemigos. Da igual si Terán apretó el gatillo o si su ejecución fue sólo un puro y artificioso montaje. La sociedad de la opulencia, la riqueza de los ricos, el odio a la igualdad, todos ellos mataron al Che.
Y es obvio que en el cuarenta aniversario de su muerte, saldrán miles de voces disonantes que asegurarán que era un asesino de niños, que era un simple mercenario o que su lucha era simplemente contra la realidad. Gente que siempre ha preferido pensar que el camino correcto es el camino más fácil, gente que cree que opinar diferente es sinónimo de peligroso, gente que siempre ha creído que la lucha contra la injusticia social solo debe hacerse desde la teoría.
Por todo ello y mucho más, cuarenta años sin el Che son demasiados años.

No porque hayas caído
tu luz es menos alta.
Un caballo de fuego
sostiene tu escultura guerrillera
entre el viento y las nubes de la Sierra.
No por callado eres silencio.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerio, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos
Che Comandante,
amigo.
Nicolás Guillén