19 de octubre de 2008

Madurez, divino tesoro


Y el viejo idiota le gritaba al cielo que todos estaban locos.
Ciego, dormido, sorprendiéndose de su cansancio a cada paso. Sabiendo que las calles son lugares demasiado tristes para que renazca la ilusión. Sólo quedaba prepararse para vaciarse de las ambiciones del viaje, para aceptar que nuestro destino es irrelevante, para reconocer nuestra tendencia a desaparecer.
Y el viejo idiota notaba el desprecio y la mofa a cada palabra que salía de sus labios. Y los miraba, los miraba a todos con una mueca de superioridad, pensando que este sucio mundo nunca reconocería ni una sola de sus cualidades. Y por supuesto no le importaba, porque tras largos años de dolorosa doma, el desapego hacia cualquier vestigio de humanidad, era absolutamente palpable.
Aquel viejo idiota, acompañado de su eterna apuesta por la derrota, no podía evitar que se le cristalizaran los ojos cada vez que el ocaso se teñía de púrpura. Porque aunque despreciaba con toda la intensidad de su alma la obra de Dios y sus consecuencias, tenía que reconocer que el muy cabrón seguía sabiendo crear como nadie las jodidas puestas de sol.

16 de octubre de 2008

Con firmeza hacia la indiferencia


Es difícil entrever la verdadera motivación, sobretodo cuando los verbos se agolpan para ofender sin razón y el camino a recorrer se desfigura a cada paso que damos. Pero no por ello hay que abandonar el camino, ni siquiera cuando la espera de tu llegada, tras interminables trechos, se antoje sólo como una simple quimera.
Retengo, eso si, tu recuerdo, sabiendo que la sincronía de la desgracia se ha alineado para alimentar la posibilidad de lo incoherente. Sensaciones de hastío que se agolpan en una retina ya demasiado derrotada. Y volveré a demostrarme a mi mismo, que sigo sin diferenciar la parte enrevesada de la vida, de la que te explota en la cara con toda su sencillez. Y también me demostrare que sigue siendo ridículo, no tener el buen tino para saber discernir la diferencia entre el cariño y los principios.
Al final, como siempre, la indiferencia y el olvido acudirán inevitablemente al rescate de un naufragio que ya ha dejado de tener sentido. Y tu, ya no estarás allí.

9 de octubre de 2008

Calvin + Hobbes




"A veces pienso que la prueba más fehaciente de que existe vida inteligente en el universo es que nadie ha intentado contactar con nosotros". "En lo que a mi respecta, si algo es tan complicado como para que no lo puedas explicar en 10 segundos, entonces, probablemente no valga la pena saberlo". "Voy a la escuela pero nunca aprendo lo que quiero saber". Calvin dixit.
Hay ocasiones en las cuales seguir siendo un niño y aplicar los miles de toneladas de aplastante coherencia que ello conlleva, sean la única manera de mantener una cierta dosis de esperanza. Soñar con esa sangrante y destructiva ingenuidad que nos deje ver los problemas del mundo bajo un prisma, como mínimo, de infinitos colores. Intentar que nuestra pequeña percepción sea testigo de que la vida sólo está para disfrutar de la diversión, sin importarnos las responsabilidades, las envidias o la planificación del futuro. En definitiva, que toda la filosofía que estemos dispuestos a tolerar, sea la que va directamente desde nuestras retinas hasta nuestro corazón.
Ojala todos pudiéramos mantener vivo un Calvin en nuestro interior el tiempo suficiente como para darle una oportunidad a nuestra felicidad; eso si, un Hobbes imaginario merodeando a nuestro alrededor ayuda muchísimo a mantener a ese mocoso con vida.

7 de octubre de 2008

Decálogo de porque no existe la racionalidad.


Porque entre tanta verborrea ensordecedora siempre encuentras a alguien que le apasione la estética del silencio.

Porque el amor y la paciencia se suelen compaginar para intentar conquistar el mundo.

Porque la lascivia en las miradas sigue siendo el único nexo que nos queda con el animal que llevamos dentro.

Porque cuando te sientas de noche y en invierno a orillas del mar sólo se escucha el gruñido de las olas.

Porque para beberse el mundo siempre haya que ser sorprendente hasta la ridiculez.

Porque para jugar una partida de ajedrez contra Dios sólo necesitas una duda muy grande.

Porque para perder la dignidad hace falta algo más que agachar la frente.

Porque a la humanidad le importa una mierda la verdad.

Porque en una realidad de tiburones sólo te queda soñar con sirenas.

Porque para olvidar la amargura cotidiana siempre podemos caminar unos pasos por el sendero de la locura.

25 de septiembre de 2008

The Big John



Me cae bien este tipo; en serio, creo que ese fulgor visible de buena persona es manifiestamente cierto. Esos rasgos castigados y envejecidos que te obligan a decantarte hacia la simpatía en contra del previsible odio visceral que provocan casi todos sus predecesores de partido. Además de ser un gran héroe de Vietnam que se pasó cuatro o cinco años prisionero de los “charlies” sufriendo torturas y comiendo cucarachas como Chuck Norris. Quien le iba a decir a aquel mozalbete de 30 años, cuando pilotaba alegremente su “caza” rociando de napalm a aquellos desgraciados amarillos, que 42 años después estaría a punto de convertirse en el presidente de la nación más poderosa de la tierra. Y encima relevando en el cargo al personaje más ilustre y lúcido de la historia contemporánea.
Tiene eso si una ligera tendencia a descarriarse en temas importantes como la financiación de los partidos o su tibia postura en contra de la unión entre homosexuales. Temas que con el conveniente asesoramiento e instrucción, evolucionarán hasta convertirse en el ejemplo honesto y cristiano que todos necesitamos. Grandes adalides de la democracia le acompañarán en su sagrada misión, velando porque sus grandes esfuerzos sean tenidos en cuenta.

En fin, como reza la campaña de Obama, “Time for change”.

Treintaitantos.


Superada holgadamente la treintena, la vida se transforma con vivacidad vertiginosa en una sucia montaña rusa que oscila en sus puntos más discordantes, entre la estética trascendental de Kant y las dudas metafísicas de Descartes; intentando reírnos a cada vaivén con la máxima sinceridad viable. Sin omitir a ser posible, que las antiguas lágrimas de juventud, esas que eran provocadas por la falta de experiencia en el campo de batalla, se van tornando con el devenir de las primaveras en puro sarcasmo y en contaminado desprecio hacia casi todo lo ajeno. Porque no podemos olvidar, que toda la ilusión imberbe de los inicios se aniquila sistemáticamente con las criticas y las carencias que te señalan los demás, sin intentar descubrir siquiera cualquier rasgo de agudeza intelectual. Y eso, por supuesto, no se le puede perdonar a la sociedad.
Pasada la treintena, apenas te quedan ganas de ser el nuevo Salinger y escribir la nueva esencia de la novela, o para ser exactos, apenas te quedan ganas de escribir. Pasada la treintena, aprendes con humildad que Kubrick o Wilder eran únicos y que la sutileza y la ironía suelen ser campos vedados. Pasada la treintena, la mayoría de genios coetáneos, los Tapies, los Calatrava o los Gala de turno, tras las interminables ovaciones, más que nauseas provocan amargura. En fin que pasada la treintena, la fe se desdibuja entre el discurso del método y la critica de la razón pura.

24 de septiembre de 2008

Latidos.


Supongo que tendemos a sobrevalorar la importancia del corazón, extraviado o no. Su incidencia en nuestra existencia sólo debería importarle a los cardiólogos y a los reporteros de rubias revistas. Desde luego no tendría que tener un lugar notable en la vida de alguien que piensa que la anatomía y las ciencias en general son aberraciones creadas en el averno. Sin embargo, el desgaste y los guantazos que van dejando los años consiguen que te preocupes por sus latidos y te preguntes cual es su capacidad máxima de tolerancia al dolor. Y por supuesto que no hay respuesta, que nadie te explicara el sentido de su bombeo, ni siquiera cuando aceptas la certeza de que tu papel en la película de la vida, es como mucho ser el amigo idiota de algún prota; ninguneado en diálogos y esperando estérilmente alguna aparición estelar en pantalla.
Eso si, alguien debería aclararte que coño hacer con ese fogonazo que te crece en el estomago y que se desborda de rabia, de ira o de pasión y que hace que te retuerzas en el más espantoso de los tormentos ante la injusticia, la intolerancia, la incomprensión o cualquiera de los dilemas que se estrellan ante tus narices. Alguien debería dignarse en apagar esas estrellas que se agolpan en tus sueños y que no sabes bien si son luces ajenas, propias o una simple retahíla de destellos inconexos.
Al final, con un poco de suerte, nos damos cuenta que todo lo que se agita en nuestro interior es puro corazón, con sus grandezas y sus miserias, con su elocuencia y su silencio, siendo el alma de la fiesta o siendo el mejor ejemplo de aridez emocional. Aunque algunos se empeñen en intentar perderlo sin vender cara la derrota.

14 de septiembre de 2008

Claudicar


Sus ojos. Esos ojos. Siempre he pensado que una mirada, que el reflejo intenso de unas pupilas, podían expresar más sentimientos que todas las promesas pronunciadas del mundo. Tenía razón, se desgarra el alma si la intensidad sincera se acentúa y la curiosidad destila que no hay nada en la vida que pueda dar miedo. Y cuando se clavan en ti sin sentido y con la percepción equivocada, mirándote sin saber todavía lo que mira, dejándote entender que a partir de ese momento y sin opción a la perplejidad, estarás permanentemente rendido a su embrujo. Por ello, por todos los momentos de nitidez en la sensibilidad que me quedan por disfrutar, sólo me queda suplicar a quien rige los designios del destino, me permita seguir navegando eternamente en el progreso de sus retinas.

15 de agosto de 2008

Conversaciones con Aldous Huxley.


En ocasiones la búsqueda de cualquier agente narcótico puede devenir, queramos o no, en la autentica esencia de la desidia. Buscando una existencia palpable con la predisposición menos contaminada posible, sólo conseguimos darnos de bruces con la más espantosa de las indiferencias. A cada segundo de experiencia y de supuesta evolución, nos damos cuenta de que el infinito ni se extiende ni te deja saborear sus secretos.

Eso si, la cobardía de la inactividad jamás nos podrá enseñar nada.

Por lo tanto, cualquier exceso que se pueda cometer, será la propia sociedad terrenal la que te marque las pautas de la coherencia, aunque la evidente tendencia que se te presenta en forma de fuegos de artificio, con su derecho al deleite como punta de lanza, te plantean serias dudas de si estamos ante un anhelo o ante una simple y burda falsedad. Sin respuesta, por supuesto, en caso de que lo planteáramos inquisitorialmente.

Y al final, entre comprobaciones variadas, llegamos a la conclusión de que los acontecimientos más nimios son la esencia de nuestro devenir diario, obviando las posibles interconexiones que podamos entrever con los aspectos puramente casuales; como si nuestro destino apenas tenga que ver con la eventualidad; como si nada de lo que nos acontece fuera un engaño.

Después, con la pesadumbre de la extenuación de una bestia que se ha rendido tras una eternidad de inhumano acoso, sintiendo que tras cada parpadeo se desparrama la ambición del honrado reposo; aprendemos que cualquier devenir humano se transforma en puro artificio, queramos o no.

Lógicamente, al día siguiente no hay consuelo.

9 de mayo de 2008

Oh si ... la ironía

En ocasiones creo que la ironía invade y ensancha nuestro devenir diario. Es decir, nos empeñamos en centrar nuestros esfuerzos y nuestra intensidad vital en que la existencia que nos complazca sea lo más placentera posible. Procuramos que siempre que sea viable, la felicidad sea nuestro compañero de viaje. Y montamos una serie de mecanismos sociales y sensoriales que nos ayudan supuestamente a satisfacer nuestros anhelos. Incluso en los casos de una infelicidad manifiesta, nuestros pasos siempre se encaminarán, real o fantasiosamente, a intentar cambiar nuestro sino. Y creo que así debe ser, que el ser humano, entre sus ansias desbocadas de planificación y su inseguridad manifiesta a lo venidero, debe asimilar en un corto ciclo vital una enorme cantidad de verdades supremas. El problema es cuando llega la puta ironía de la vida y destroza lo que tanto tiempo tardas en construir. O el sarcasmo, que en términos de brutal crueldad tanto da.

En fin, que hemos perdido la liga y el jodido madridismo lleva ya demasiado tiempo de cachondeo.